jueves, 26 de enero de 2012

Miranda de Íbero

Todos nos hemos sorprendido y alegrado de la hazaña protagonizada por el equipo de fútbol de Mirandés al lograr clasificarse para las semifinales de la Copa del Rey, después de eliminar a tres equipos de primera división. De lo que no se nos ha informado es de cómo ésta gesta se debe en gran parte a los rituales que otros pueblo, muy anterior a la existencia del equipo de Miranda, nos ha hecho llegar y del que nos valemos de cara a gestionar situaciones de ansiedad e incertidumbre.

Desde el 24 de enero hasta el próximo 25 de febrero tienen lugar en la Plaza de la Concordia de Salamanca una exposición llamada Iberos: Nuestra civilización antes de Roma. Esta exposición, organizada por la Obra Social de “La Caixa” nos presenta, de manera muy didáctica, la historia de este pueblo y nos sumerge en una forma de vida de hace 2500 años.


Los Íberos habitaron la costa mediterránea, desde Andalucía hasta el sureste francés, compartiendo una cultura, organización social, arte y religión común que son los aspectos en los que se centra la exposición. En el recorrido por las diferentes estancias podemos contemplar cómo era el urbanismo de los poblados y su arquitectura, entrar en la vivienda de un íbero, descubrir el virtuosismo de estas gentes con la cerámica y su trabajo de la lana, conocer los cultivos con los que se garantizaban el sustento, su espíritu comercial, sus rituales funerarios… Incluso podemos descubrir la reproducción de sus dos mujeres más representativas: la dama de Elche y la dama de Baza.




Quiero prestar especial atención al elemento de la exposición que más me ha hecho reflexionar, se trata de los exvotos. Los exvotos son ofrendas (pequeñas estatuas) que los íberos realizaban a sus dioses con forma de hombres y animales, de pequeño tamaño, realizadas en bronce. Estas ofrendas, que también se hacían en forma de comida u otros objetos, se realizaban con el propósito de garantizar la protección y favor de los dioses de cara a garantizar la salud de los guerreros que entraban en combate, los familiares o de los animales de cara a rogar por su salud o por la fertilidad de las tierras de cultivo.



Mientras contemplaba estas ofrendas, se presentaron en mi mente las imágenes que había contemplado en televisión unos días antes en las que un aficionado de un equipo de fútbol, el Mirandés, acudía a la ermita de su localidad, Miranda de Ebro, a realizar una ofrenda a la patrona de la localidad en la que le demandaba la victoria de su equipo de fútbol en el partido de Copa del Rey que tenía que disputar unas horas más tarde. En el interior de la capilla, rodeando a la imagen de la patrona, se podía contemplar numerosas insignias, banderines e incluso una bufanda colgada al cuello de la Virgen de Altamira (ver vídeo).

La evolución de los elementos simbólicos presentados como ofrendas a las divinidades de las diferentes culturas de las sociedades nos hablan de las preocupaciones y del grado de desarrollo de una sociedad. Podemos ver cómo la simbología ha cambiado, los íberos ofrecían a sus dioses figuras representativas de aquello que querían proteger, en la actualidad se recurre a emblemas, logotipos, que creemos que los dioses deben conocer y reconocer porque se les supone la capacidad de avanzar junto a la cultura que los venera. Hemos de tener que las demandas de protección de a las divinidades por aquellos que participan en espectáculos públicos no es nueva, sino que ha sido una constante a lo largo de la historia, es más, a quienes salían victoriosos de estos acontecimientos se les consideraba como protegidos por los dioses y adquirían un elevado estatus dentro de sus sociedades.



En definitiva, tanto íberos como mirandeses, no hacen más que trasladar a sus dioses una preocupación colectiva mediante símbolos compartidos por los miembros de su cultura. Ambos pueblos esperan de sus divinidades que les resuelva la situación de incertidumbre en la que se encuentran, la cual les genera una ansiedad colectiva que vincula y acerca a quienes la comparten, y dé lugar a un hecho social que pase a formar parte del relato de la historia del pueblo. Relato que quedará por siempre ligado a las emociones y  sentimientos  compartidos.


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