viernes, 6 de enero de 2012

Leer el Llanto

Hay ocasiones en las que tenemos que tomar decisiones que nos obligan a elegir entre nuestra vida personal o nuestra vida profesional, es decir, debemos hacer frente a una renuncia. Una decisión de este tipo nos obliga a desprendernos de elementos de nuestra vida que consideramos valiosas o a sentir el anhelo, con el tiempo, de que queríamos incorporar de nuevo a nuestras rutinas partes de las que nos apartamos.

El “Guernika” intenta plasmar y mostrar al mundo el sufrimiento, el dolor y la destrucción causada por la aviación alemana e italiana un 26 de abril de 1937 en un bombardeo sobre la población civil vizcaína. Es ampliamente conocido y extendido que este cuadro fue pintado por Pablo Picasso, lo que a la gran mayoría nos resulta desconocido es que se trata de una obra realizada por encargo del presidente legítimo en aquel momento Juan Negrín con motivo de la Exposición Internacional que tendría lugar en país ése mismo año. El entonces gobierno legítimo de España le encargó al pintor que plasmara el horror de aquel fatídico día toda vez que Aurelio Arteta, artista vasco de principios de siglo y elegida como primera opción para ser quien realizase la obra, renunció a dicho encargo porque prefirió marcharse a México en donde su familia se encontraba exiliada. Arteta decidió apostar por su vida personal y renunciar a la gran oportunidad profesional que se le presentaba. ¿Cómo de diferente hubiera sido la vida de uno y otro pintor en caso de que Arteta no hubiese renunciado al trabajo?

Sesenta años después otras lágrimas conmovieron de nuevo a España. Durante el verano de 1996 se celebró en Atlanta una nueva edición de los Juegos Olímpicos, en ellos España cosechó un gran éxito en el número de medallas conseguidas y una de ellas se convirtió en la imagen en España de aquellos Juegos. La medalla  de oro conseguida por el equipo femenino español de gimnasia rítmica y la imagen de una de sus integrantes llorando en el pódium, al recibir la medalla y escuchar el himno nacional, fue utilizada como un mensaje que simbolizaba la importancia del esfuerzo, la constancia, el sacrificio y la entrega necesarias para alcanzar el éxito.


Sin embargo, ese mensaje no mencionaba la parte de fracaso que venía asociada a ese éxito. La gimnasia rítmica es un deporte en el que la plenitud de condiciones se alcanza a una edad muy temprana, entre los 15 y 17 años, por lo que las deportistas que deciden dedicarse plenamente a esta disciplina renuncian, en un momento clave para su desarrollo personal, a muchos de los escenarios y actores que son definitorios para la consolidación de las habilidades personales y sociales para desenvolvernos de forma autónoma y eficiente en la sociedad. El equipo de gimnasia rítmica que participó en Atlanta´96 es un ejemplo de cómo un grupo de chicas renuncian, al contrario de lo que hizo Arteta, a una parte esencial de su vida personal por la oportunidad de conseguir el éxito deportivo. La dedicación exclusiva a edades tempranas al deporte lleva al descuido, por parte de deportistas, entrenadores, familiares, entrenadores, de federaciones y otras instituciones del desarrollo personal e integral del deportista, ya que se cae en el error de hacerle competente sólo para la disciplina deportiva que practica. ¿Qué ocurrirá cuando deje de practicarla por no ser competitivo o porque se ha producido una lesión? El deportista se encontrará indefenso, desvalido, pero ,sobre todo, ignorante de una realidad a la que en momentos esenciales de su desarrollo le dio la espalda porque entre los muros los pabellones, dentro de las líneas de un terreno de juego, se le niega la oportunidad de ser espectador de sí mismo.


La lágrimas de Tania Lamarca en el pódium de Atlanta son la muestran el cumplimiento un deseo, se ha alcanzado un anhelo,  la consecución del éxito, de un logro, que ha estado precedido del esfuerzo, del trabajo, de la capacidad de arriesgarse para conseguir algo que se cree que tiene sentido y que se cree merecedor de riesgo. Esas lágrimas son símbolo de una renuncia y el preludio de una pregunta ¿Qué podemos hacer con lo que hemos conseguido, con lo que tenemos, con lo que nos queda? Siempre tenemos algo que mejorar, por eso lloramos.

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