martes, 31 de enero de 2012

Espero Volver y Seguir Luchando

El miedo al fracaso es un elemento muy presente en la sociedad española a la que el miedo al ridículo la paraliza y la mantiene en la inmovilidad. Por eso estamos siempre dispuestos a perdonar a quien no lo intenta. Sin embargo, admiramos a quienes a pesar de la certeza de su derrota no por ello dejan de intentarlo y perseguir su sueño.


Durante el último año Rafael Nadal ha perdido todas las finales que ha disputado con el serbio Novak Djokovic, siete consecutivas en los últimos 12 meses. Sin embargo, la exigencia competitiva del tenista mallorquín está fuera de toda duda, continuamente nos muestra que él vive para competir y que, aquellos enfrentamientos de los que sale perdiendo, son su principal fuente de motivación y aprendizaje.

El deporte profesional se ha convertido en una forma de canalización de la violencia y la guerra entre individuos y naciones, con la peculiaridad de no tratarse de una práctica tan destructiva. Además, el deporte está acompañado de un fuerte componente de encanto y magnanimidad del que carece la confrontación bélica. El deporte se componen de elementos como la pasión, el esfuerzo, la lucha, la búsqueda de un objetivo común, el compañerismo, la exaltación compartida en la victoria y la catástrofe en la derrota, la oportunidad de vivir episodios de heroísmo individual. Todos estos elementos se expresan tanto por protagonistas como por los narradores de los hechos con un lenguaje cargado de referencias al esfuerzo, a la lucha, a la victoria y a la derrota. Un ejemplo son las declaraciones del vencedor del último Open de Australia, Novak Djokovic: “Te sangran los dedos y disfrutas del sufrimiento”.



El tenis es una forma de combate muy específico entre dos individuos, de igual manera que lo es un combate entre dos animales que pugnan por demostrar la valía de sus genes a la hembra, en la que ambos contendientes respetan las normas establecidas y hacen grandes esfuerzos por regular y controlar su conducta. Toda competición, como lo es un partido de tenis, es una muestra de la propia valía, del valor de unos genes para una práctica determinada. Sin la existencia de la competición esa valoración no sería posible.
Tales exhibiciones sociales de la valía genética de uno llevan implícitas elevadas dosis de sufrimiento lo cual no deja de ser paradójico que tenga lugar dentro de una cultura centrada  en la ocultación del dolor y en su reducción a un síntoma que puede localizarse y exterminar con la aplicación de analgésicos y los avances científicos.  Sin embargo, los deportistas de hoy, de los que Rafa Nadal es un gran ejemplo, nos muestran cómo el dolor puede convertirse en un elemento que nos revela cosas de nosotros mismos y hablar de todo el ser en su conjunto, no como un diagnóstico de una parte concreta de nuestro cuerpo.

En las declaraciones hechas al después de la derrota en Australia, Nadal habla del disfrute del dolor vivido ya que según él le ha hecho mejorar y realizar un proceso de crítica constructiva que le ha llevado a modificar diversos aspectos de su juego: utilizar una raqueta 3 gramos más pesado, trabajar y potenciar su golpe de revés para utilizarlo como un elemento de ataque y meramente defensivo… La conclusión final a la que llega y la más reveladora es en la que afirma que “Después de un tiempo sin disfrutar, he sufrido disfrutando. Ése es el camino”.



El ejemplo contrario a Rafal Nadal lo encontramos en Juan Carlos Ferrero, el que fuera número uno de la ATP en el año 2003 y ganador de un Roland Garros. Ferrero es un tenista que juega pendiente de sus dolores de cadera lo cual le lleva a no disfrutar en la pista, a alterarse por momentos y dar continuas muestras de susceptibilidad e incomodidad. Estos pensamientos negativos y sus conductas consecuentes provocan que la derrota sea más probable ya que uno de los rasgos definitorios del vencedor es su capacidad de autocontrol.



Rafael Nadal nos enseña que tener un sueño significa protegerlo y no hacer caso a quienes dicen que no podrá alcanzarlo porque carecen de la capacidad de hacer algo por sí mismas. Nadal a través de la derrota aprende y encuentra motivación, es en estos momentos donde nos enseña que es el momento preciso de tomar el mando y marcar la dirección que queremos que sigan nuestros pasos como indicaba en sus últimas palabras: “Espero volver aquí y seguir luchando”.


jueves, 26 de enero de 2012

Miranda de Íbero

Todos nos hemos sorprendido y alegrado de la hazaña protagonizada por el equipo de fútbol de Mirandés al lograr clasificarse para las semifinales de la Copa del Rey, después de eliminar a tres equipos de primera división. De lo que no se nos ha informado es de cómo ésta gesta se debe en gran parte a los rituales que otros pueblo, muy anterior a la existencia del equipo de Miranda, nos ha hecho llegar y del que nos valemos de cara a gestionar situaciones de ansiedad e incertidumbre.

Desde el 24 de enero hasta el próximo 25 de febrero tienen lugar en la Plaza de la Concordia de Salamanca una exposición llamada Iberos: Nuestra civilización antes de Roma. Esta exposición, organizada por la Obra Social de “La Caixa” nos presenta, de manera muy didáctica, la historia de este pueblo y nos sumerge en una forma de vida de hace 2500 años.


Los Íberos habitaron la costa mediterránea, desde Andalucía hasta el sureste francés, compartiendo una cultura, organización social, arte y religión común que son los aspectos en los que se centra la exposición. En el recorrido por las diferentes estancias podemos contemplar cómo era el urbanismo de los poblados y su arquitectura, entrar en la vivienda de un íbero, descubrir el virtuosismo de estas gentes con la cerámica y su trabajo de la lana, conocer los cultivos con los que se garantizaban el sustento, su espíritu comercial, sus rituales funerarios… Incluso podemos descubrir la reproducción de sus dos mujeres más representativas: la dama de Elche y la dama de Baza.




Quiero prestar especial atención al elemento de la exposición que más me ha hecho reflexionar, se trata de los exvotos. Los exvotos son ofrendas (pequeñas estatuas) que los íberos realizaban a sus dioses con forma de hombres y animales, de pequeño tamaño, realizadas en bronce. Estas ofrendas, que también se hacían en forma de comida u otros objetos, se realizaban con el propósito de garantizar la protección y favor de los dioses de cara a garantizar la salud de los guerreros que entraban en combate, los familiares o de los animales de cara a rogar por su salud o por la fertilidad de las tierras de cultivo.



Mientras contemplaba estas ofrendas, se presentaron en mi mente las imágenes que había contemplado en televisión unos días antes en las que un aficionado de un equipo de fútbol, el Mirandés, acudía a la ermita de su localidad, Miranda de Ebro, a realizar una ofrenda a la patrona de la localidad en la que le demandaba la victoria de su equipo de fútbol en el partido de Copa del Rey que tenía que disputar unas horas más tarde. En el interior de la capilla, rodeando a la imagen de la patrona, se podía contemplar numerosas insignias, banderines e incluso una bufanda colgada al cuello de la Virgen de Altamira (ver vídeo).

La evolución de los elementos simbólicos presentados como ofrendas a las divinidades de las diferentes culturas de las sociedades nos hablan de las preocupaciones y del grado de desarrollo de una sociedad. Podemos ver cómo la simbología ha cambiado, los íberos ofrecían a sus dioses figuras representativas de aquello que querían proteger, en la actualidad se recurre a emblemas, logotipos, que creemos que los dioses deben conocer y reconocer porque se les supone la capacidad de avanzar junto a la cultura que los venera. Hemos de tener que las demandas de protección de a las divinidades por aquellos que participan en espectáculos públicos no es nueva, sino que ha sido una constante a lo largo de la historia, es más, a quienes salían victoriosos de estos acontecimientos se les consideraba como protegidos por los dioses y adquirían un elevado estatus dentro de sus sociedades.



En definitiva, tanto íberos como mirandeses, no hacen más que trasladar a sus dioses una preocupación colectiva mediante símbolos compartidos por los miembros de su cultura. Ambos pueblos esperan de sus divinidades que les resuelva la situación de incertidumbre en la que se encuentran, la cual les genera una ansiedad colectiva que vincula y acerca a quienes la comparten, y dé lugar a un hecho social que pase a formar parte del relato de la historia del pueblo. Relato que quedará por siempre ligado a las emociones y  sentimientos  compartidos.


jueves, 19 de enero de 2012

Emociones Básicas

El hecho de hablar lenguas distintas no impide sentir emociones idénticas. El proceso de experimentación de la emoción es el mismo en todos los seres humanos, nos inunda sin más, sin avisarnos de su llegada, dejándonos sumergidos en la búsqueda de las palabras precisas que nos ayuden a describirla.

Durante gran parte del siglo pasado se pensaba que las emociones son conductas aprendidas, siendo la cultura la encargada de transmitirlas, del mismo modo que se transmite una lengua. Esta forma de pensamiento, llamada teoría culturalista, sostiene que para poder sentir tristeza, alegría… primero hemos de ver esa emoción en otra persona. Siguiendo este argumento podríamos afirmar que cada cultura tiene su propio repertorio emocional.

Esta teoría culturalista se mantuvo hasta la irrupción del antropólogo Paul Ekman (en cuyos conocimientos se basa la serie de tv “Lie to Me”) y  de su estudio comparativo entre las emociones experimentadas y expresadas gestualmente ante determinados relatos en la tribu fore de Nueva Guinea y en la ciudad de San Francisco. Los resultados obtenidos permitieron a Ekman llegar a la conclusión de que existen un conjunto de emociones que no son aprendidas sino que forman parte de la naturaleza humana y, por tanto, poseen carácter universal. Llamó a estas emociones: emociones básicas.



Las emociones básicas se caracterizan por ser innatas y universales, además de por la inmediatez en su aparición y su muy limitada duración en el tiempo. Son incluidas en esta categoría seis emociones: alegría, tristeza, sorpresa, ira, asco y miedo. En todas las culturas estas emociones se encuentran presentes y utilizan los mismos gestos para expresarlas.  Por lo tanto, las emociones básicas deben de formar parte de la configuración del cerebro. Esta afirmación gana fuerza al descubrir las expresiones faciales típicas de cada una de estas emociones en bebés ciegos de nacimiento: si un individuo que nunca ha podido visualizar la expresión corporal de una emoción ¿cómo puede ser capaz de reproducirlo? La respuesta nos la ofrece la razón anterior.



Estar dotados de un mismo conjunto de emociones permite a cualquier ser humano establecer vínculos que superen los obstáculos y barreras culturales. Esta comunicación efectiva es posible porque las experiencias subjetivas que dan lugar a una emoción son similares, en caso de que las diferencias fuesen notables el proceso comunicativo sería vería seriamente dificultado. Prestemos atención al hecho de que hago referencia a experiencias subjetivas y no a detonantes de la emoción presentes en el entorno, es decir, el miedo es experimentado mediante las mismas respuestas fisiológicas en todos los seres humanos. Sin embargo, el detonante de ese miedo es un aspecto cultural o contextual como tenemos la posibilidad de comprobar en el programa Perdidos en la Ciudad o Perdidos en la Tribu.




Las emociones básicas están presentes en nuestros genes porque forman parte de la selección natural ya que en algún momento ayudaron a la supervivencia de nuestros antepasados. El miedo permite huir rápidamente ante la presencia de un peligro, el asco permite descartar alimentos que por su olor o aspecto puedan contaminarnos, la sorpresa acontece ante la presencia de estímulos nuevos y prestarle mayor atención, la tristeza ante la desaparición de seres queridos ya que dificulta el éxito reproductivo… 

El interrogante que actualmente se nos plantea y del que deberemos aguardar la respuesta es: ¿Dejarán de formar parte, como consecuencia de la selección natural, las emociones básicas de nuestra estructura cerebral? El paso de los años nos dará la respuesta.

jueves, 12 de enero de 2012

Fútbol: Espejo de una Sociedad de Hombres


Las primeras patadas dadas a un balón de fútbol en el patio de un colegio se convierten en la primera meritocracia que experimentamos. Los niños con más cualidades adquieren un estatus superior entre sus compañeros, mientras que quienes no juegan son considerados como "bichos raros". Este proceso también se  observa a otras edades más avanzadas y en escenarios profesionales del deporte donde, los aficionados y consumidores de espectáculos deportivos lanzan y profieren una serie de demandas a los deportistas.


Desde edades tempranas los niños visten las camisetas de sus equipos e ídolos de la primera división de fútbol, realizan durante el verano y los primeros meses de curso la colección de cromos de la emporada que comienza y son capaces de aprovechar cualquier momento y espacio para improvisar un pequeño terreno de juego y dar comienzo a un nuevo partido.



Cuando se comienza a jugar al fútbol de lo que se trata es de disfrutar y utilizarlo como un proveedor de relaciones sociales, como una fuente de distracción y como un elemento que contribuye a la afirmación de la personalidad que nos ayuda a edificar nuestra identidad y dar lugar a un sentimiento de pertenencia al grupo. Pero, no es oro todo lo que reluce. Con el paso de los años, conforme se va creciendo y se empieza a practicar el deporte en entornos competitivos ya sea dentro de la competición de juegos escolares o dentro de equipos federados los comportamientos y los motivadores de la conducta cambian de una manera significativa.

Un estudio acerca de la práctica del deporte y comportamientos violentos en competiciones deportivas llevado a cabo por el Gabinete de Prospección Psicológica del Gobierno Vasco nos ofrece resultados, cuanto menos, preocupantes. Según este estudio los padres son una de las principales causas e impulsores de los actos de violencia que tienen dentro del deporte escolar, resultados fácilmente extrapolables a otras competiciones deportivas. Así el 25% de las personas encuestadas afirman haber contemplado agresiones, verbales o físicas, del público dirigidas hacia los deportistas.

Si se realiza una reflexión detenida de estos datos caeremos rápidamente en la cuenta de que prácticamente el 100% de los espectadores que acuden a este tipo de competiciones son miembros del entorno familiar y social de los deportistas. ¿Cómo es posible que ellos lleven a cabo estas conductas nada ejemplarizantes? La razón primera que acude a la mente es el hecho de que el público (padres, familiares, amigos) se dejan arrastrar por la implicación emocional que actúa como detonante de estas actitudes violentas. Pero esta razón no es suficiente por sí sola para explicar esta conducta.

El deporte siempre ha sido considerado a lo largo de la historia como un recurso formativo que optimiza y contribuye al desarrollo personal, tanto físico como espiritual, de quien lo practica ya que en él surgen elementos de tanto valor en la vida como son la competitividad y la cooperación. Sin embargo, el uso que hacemos del deporte se pervierte y pasa a convertirse en una fuente de violencia, especialmente podemos observarlo en el caso del fútbol. ¿Qué es lo que lleva a la transformación de los valores de solidaridad, cooperación, competitividad sana… propios del deporte, en concreto del fútbol, en conductas agresivas y violentas?

La respuesta está en la demanda que como espectadores  o consumidores les trasladamos a los futbolistas. La demanda que le hacemos a los futbolistas es que representen la masculinidad y les presionamos para que la manifiesten. Les exigimos que se esfuercen, que no eviten el contacto directo con sus adversarios, que sean combativos, que sean fuertes, que se entreguen, que sean enérgicos, que sean luchadores, etc, mediante expresiones, lanzadas tanto por padres como por entrenadores del tipo “¡Corre más!”, “¡Muévete!”, “¡Éntrale!”, “¡Levanta! que eso no es nada”… Con el uso de estas expresiones lo que se fomenta y refuerza son las conductas agresivas, competitivas y hostiles, un ejemplo lo encontramos en un partido de Prebenjamines el pasado mes de noviembre en Cabrerizos.



Pero no todos los futbolistas cumplen con estas exigencias, y aquellos que no dan con este perfil se le reprende y reprocha su actitud si evita cualquier contacto físico con el rival o si no corre lo suficiente detrás de la pelota se le envían mensajes del tipo : “¡Pareces una niña!”, “¡Maricón!”…




Se puede, por tanto, llegar a la conclusión que las competiciones deportivas sirven de excusa para lanzar demandas de masculinidad y hombría por parte de quienes actúan como espectadores de las mismas, porque éstos creen que se trata de rasgos identificativos que conducen al éxito y a la ocupación de puestos de prestigio en la sociedad.



Por este motivo, muchos entrenadores, padres, familiares y amigos contribuyen a la construcción de identidades en el futbolista relacionadas con ese rol masculino. Mensajes como que el hecho de poner en práctica cualquier conducta o valerse de cualquier recurso para marcar un gol o para evitar recibirlo es válido y se recompensa y refuerza cuando sucede, anima a los jugadores a manifestar conductas agresivas en el terreno de juego.

El error fundamental que debemos evitar a toda costa es utilizar el fútbol o el deporte como un medio para formar hombres. La esencia del deporte es y debe ante todo y, sobre todo, formar personas.

viernes, 6 de enero de 2012

Leer el Llanto

Hay ocasiones en las que tenemos que tomar decisiones que nos obligan a elegir entre nuestra vida personal o nuestra vida profesional, es decir, debemos hacer frente a una renuncia. Una decisión de este tipo nos obliga a desprendernos de elementos de nuestra vida que consideramos valiosas o a sentir el anhelo, con el tiempo, de que queríamos incorporar de nuevo a nuestras rutinas partes de las que nos apartamos.

El “Guernika” intenta plasmar y mostrar al mundo el sufrimiento, el dolor y la destrucción causada por la aviación alemana e italiana un 26 de abril de 1937 en un bombardeo sobre la población civil vizcaína. Es ampliamente conocido y extendido que este cuadro fue pintado por Pablo Picasso, lo que a la gran mayoría nos resulta desconocido es que se trata de una obra realizada por encargo del presidente legítimo en aquel momento Juan Negrín con motivo de la Exposición Internacional que tendría lugar en país ése mismo año. El entonces gobierno legítimo de España le encargó al pintor que plasmara el horror de aquel fatídico día toda vez que Aurelio Arteta, artista vasco de principios de siglo y elegida como primera opción para ser quien realizase la obra, renunció a dicho encargo porque prefirió marcharse a México en donde su familia se encontraba exiliada. Arteta decidió apostar por su vida personal y renunciar a la gran oportunidad profesional que se le presentaba. ¿Cómo de diferente hubiera sido la vida de uno y otro pintor en caso de que Arteta no hubiese renunciado al trabajo?

Sesenta años después otras lágrimas conmovieron de nuevo a España. Durante el verano de 1996 se celebró en Atlanta una nueva edición de los Juegos Olímpicos, en ellos España cosechó un gran éxito en el número de medallas conseguidas y una de ellas se convirtió en la imagen en España de aquellos Juegos. La medalla  de oro conseguida por el equipo femenino español de gimnasia rítmica y la imagen de una de sus integrantes llorando en el pódium, al recibir la medalla y escuchar el himno nacional, fue utilizada como un mensaje que simbolizaba la importancia del esfuerzo, la constancia, el sacrificio y la entrega necesarias para alcanzar el éxito.


Sin embargo, ese mensaje no mencionaba la parte de fracaso que venía asociada a ese éxito. La gimnasia rítmica es un deporte en el que la plenitud de condiciones se alcanza a una edad muy temprana, entre los 15 y 17 años, por lo que las deportistas que deciden dedicarse plenamente a esta disciplina renuncian, en un momento clave para su desarrollo personal, a muchos de los escenarios y actores que son definitorios para la consolidación de las habilidades personales y sociales para desenvolvernos de forma autónoma y eficiente en la sociedad. El equipo de gimnasia rítmica que participó en Atlanta´96 es un ejemplo de cómo un grupo de chicas renuncian, al contrario de lo que hizo Arteta, a una parte esencial de su vida personal por la oportunidad de conseguir el éxito deportivo. La dedicación exclusiva a edades tempranas al deporte lleva al descuido, por parte de deportistas, entrenadores, familiares, entrenadores, de federaciones y otras instituciones del desarrollo personal e integral del deportista, ya que se cae en el error de hacerle competente sólo para la disciplina deportiva que practica. ¿Qué ocurrirá cuando deje de practicarla por no ser competitivo o porque se ha producido una lesión? El deportista se encontrará indefenso, desvalido, pero ,sobre todo, ignorante de una realidad a la que en momentos esenciales de su desarrollo le dio la espalda porque entre los muros los pabellones, dentro de las líneas de un terreno de juego, se le niega la oportunidad de ser espectador de sí mismo.


La lágrimas de Tania Lamarca en el pódium de Atlanta son la muestran el cumplimiento un deseo, se ha alcanzado un anhelo,  la consecución del éxito, de un logro, que ha estado precedido del esfuerzo, del trabajo, de la capacidad de arriesgarse para conseguir algo que se cree que tiene sentido y que se cree merecedor de riesgo. Esas lágrimas son símbolo de una renuncia y el preludio de una pregunta ¿Qué podemos hacer con lo que hemos conseguido, con lo que tenemos, con lo que nos queda? Siempre tenemos algo que mejorar, por eso lloramos.