jueves, 8 de diciembre de 2011

Tu dedo nos señala el camino

Dentro de unos días se celebra un nuevo clásico entre Real Madrid y F.C. Barcelona, por ello he decidido recuperar un post publicado hace unos meses con motivo del duelo de Supercopa del pasado verano y mediante el que podemos evocar de nuevo las razones que hacen de José Mourinho el mejor entrenador del mundo.

Cada día damos muestras de nuestra falta de madurez en un acto que resulta ser liberador a nivel individual como revelador a nivel social, eludir cualquier tipo de responsabilidad. El victimismo es uno de los rasgos que caracterizan las sociedades contemporáneas y un ejemplo muy ilustrativo lo hemos podido comprobar los últimos días con todo lo sucedido alrededor de la pasada Supercopa de fútbol. Las protestas, quejas, juicios, lamentos, críticas acerca del incidente del dedo de Mourinho han llenado hojas de periódicos y horas de radio y televisión, que lo que realmente muestran, aunque a primera vista quede oculto  detrás de fotos y titulares, es que nos sentimos cómodos asumiendo un rol de víctimas. Víctimas que se encuentran en un mundo injusto en el que todos los sufrimientos y problemas que padecemos tienen su origen en los demás, olvidando que nuestras circunstancias presentes son, en gran medida, el resultado de las decisiones que hemos venido tomando a lo largo de nuestra vida.



Las víctimas se sienten impotentes, carentes de las capacidades necesarias para revertir su situación, incapaces de transformar en real aquello que creen posible alcanzar. Como seres humanos que somos buscamos ver realizadas nuestras posibilidades, mostrarnos competitivos ante los demás, enseñar nuestras habilidades porque nos hace sentir placer. En el preciso instante en el que nos convertimos en víctimas, inmediatamente, esas capacidades tan apreciadas quedan ocultas. A partir de entonces volvemos la cabeza buscando a la persona poseedora del poder que sentimos como nuestro y que creemos haber perdido para hacer frente a la situación en la que soy víctima. Esperando de ella, como decía Napoleón, la oferta de un porvenir, de una salida a la situación de la que queremos escapar.

Mourinho se ha convertido para el madridismo en el líder buscado, aquel que va a despojarles de su rol de víctima, pero primero como gran líder Mou ha hecho consciente a todo seguidor del Real Madrid de que está siendo perseguido. Para conseguir la movilización de los sentimientos de la afición, Mourinho se ha valido de los supuestos esenciales postulados por el psicólogo Skinner. Estos supuestos afirman que si soy capaz de controlar el ambiente soy capaz de controlar la conducta porque todo estímulo provoca una respuesta. Mourinho ha conseguido controlar el comportamiento de sus jugadores y de sus seguidores a través del control del flujo de estímulos que a éstos les envía, a unos utilizando el vestuario como lugar desde el que emitir los estímulos y la sala de prensa para estimular a unos y otros. El poder que ostenta el hoy entrenador madridista parece omnipotente, capaz no sólo de influir en el comportamiento de su equipo, sino de mediatizar y condicionar el comportamiento tanto de sus rivales , de medios de comunicación, de aficionados así como de instituciones futbolísticas. Lo visto la última semana es posible porque caemos en el error de atribuir a Mourinho la capacidad de ejercer poder más allá de los contextos concretos y específicos en los que puede ejercerlo, y sabedor de eso Mourinho se sirve de la ficción del poder, esa por la que lo que importa no es el poder real que tengo, sino la creencia del otro del poder que poseo.

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