viernes, 2 de diciembre de 2011

Lenguaje Mental del Homo Economicus

Según una teoría de la psicología todos los seres humanos llevamos a cabo las mismas operaciones lógicas para construir pensamientos y, por tanto, para dar lugar a las mismas conductas. Esto quiere decir que empleamos los mismos criterios que Messi para elaborar un pensamiento, por lo que, en situaciones similares ambos realizaríamos las mismas conductas en caso de encontrarnos en contextos y situaciones similares.




En psicología hay una postura que defiende que la mente funciona utilizando un solo lenguaje, el lenguaje mental. Según esta perspectiva, denominada mentalés, tanto el pensamiento como el acto de pensar se originan gracias a estímulos neuroeléctricos que componen operaciones sintácticas definidas a partir de una serie de representaciones mentales. Para entenderlo de una forma más sencilla, el mentalés no es otra cosa que el idioma universal del pensamiento, es decir, independientemente del idioma, los seres humanos empleamos los mismos patrones de pensamiento para identificar signos o símbolos existentes como fragmentos de realidad a los cuales podemos, posteriormente, atribuir varios significados y verbalizarlos de forma diferente en función del contexto en el que nos encontremos.

Por ejemplo, en todas las culturas que han estado en contacto con la nieve, existe alguna palabra para designarla: nieve, snow, la neige, schnee, neve, kar… por lo que tienen que existir patrones de pensamiento en el ser humano similares para que culturas diferentes hayan llegado a hacer una misma fragmentación de un elemento presente en el entorno. El factor diferenciador es el lenguaje de cada cultura, pero el lenguaje mental que construye el concepto es el mismo para todos. Pero hay que tener en cuenta un factor muy importante como es el contexto, ya que éste determina la amplitud de palabras que empleamos para clasificar una misma porción de realidad, en este caso la nieve. Para mí no hay diferenciaciones ni matices a la hora de identificar la nieve, utilizo el mismo término para referirme a la que encuentro sobre mi automóvil en un frío día de invierno como la que puedo ver en las cumbres de una montaña. Sin embargo, para un esquiador existen diferentes matices en un mismo símbolo como es la nieve. Para un esquiador existe la nieve virgen, la nieve en polvo, nieve primavera, nieve húmeda porque en el ambiente en el que el esquiador interactúa es relevante el uso de tales precisiones de cara a optimizar su relación con el entorno.

La adopción del mentalés como perspectiva desde la que analizar la realidad me presenta un problema: no construimos ni tampoco interpretamos la realidad en nuestro cerebro a través del lenguaje, sino que fundamentalmente recurrimos a imágenes mentales, las cuales posteriormente vinculamos e insertamos en un discurso gracias al lenguaje. Ante esta disyuntiva el mentalés no niega la existencia de imágenes mentales, lo que sí dice es que emplearlas no es pensar, porque lo importante es el proceso de vinculación de las mismas con el uso del lenguaje mental. Adoptar esta perspectiva supondría defender que Mozart, Messi, Einstein, Merkel, Falete y Belén Esteban siguen las mismas secuencias de pensamiento para dar lugar a sus conductas. Ciertamente sería algo peligroso.



El mentalés supondría la defensa de que el holocausto nazi y el David de Miguel Ángel fueron creados por el mismo patrón de pensamiento. De acuerdo con este pensamiento, se muestra que los seres humanos tenemos una tendencia hacia el mal y también una tendencia hacia el bien. Desconcertante cuanto menos. Pero descubramos qué se esconde detrás, el Plan Bolonia se ha planteado desde el punto de vista del mentalés: si todos realizamos las mismas operaciones lógicas de pensamiento, universalicemos la enseñanza para que todos lleguemos a pensamientos y ejecutemos conductas similares. Bolonia no es más que condicionar la vida a un criterio de economicidad: mismas enseñanzas + mismos pensamientos + mismas conductas = producción homogénea. Se produce mucho del mismo producto lo cual repercute en una reducción de costes. Es despreciable y de miserables. Lo mismo ocurre con el hecho de acudir a una academia para aprobar una oposición, es la exageración de la economicidad y la parálisis de la sociedad.

Estamos frente a un disyuntiva ante la que tendremos que elegir entre la libertad de pensamiento y de conducta, o en el adoptar y asumir, sin cuestionar, el pensamiento universal que haga de nosotros verdaderos homo economicus.

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