jueves, 17 de noviembre de 2011

Separados pero Conectados

Cualquiera de nosotros podría haber sido amigo de Pablo Picasso, John Lennon, Napoleón o James Dean. Aunque haya miles de kilómetros de distancia podemos llegar de una persona a otra a través de cuatro intermediarios, es lo que se llama el problema del pequeño mundo. Alguien conoce a alguien que conoce a alguien que, a su vez, conoce a alguien. Averigüemos quién es la persona que da sentido a nuestra cadena.

La importancia que en la actualidad le damos a las redes sociales ante el que los medios de comunicación difunden como un fenómeno nuevo y desconocido resulta no serlo tanto.  Ya en la década de los sesenta Stanley Milgram realizó un experimento que pretendía dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿cómo nos conectamos los seres humanos? ¿Estamos conectados por una red de relaciones? Para dar respuesta a estos interrogantes Milgram optó por lo siguiente: envío un paquete a 160personas que vivían en Omaha (Nebraska) con la dirección y el nombre de un corredor de Bolsa que trabajaba en Boston a quien cada una de esas 160 personas debía hacer llegar el paquete a través de su red de amigos o conocidos, anotando el nombre en el paquete de las manos por las que iba pasando hasta llegar al agente de Bolsa. Una vez estuviese el paquete en Boston Milgram podía comprobar el número de personas a través de las que había pasado el paquete, el resultado fue que la mayoría había llegado a su destino pasando por 5 o 6 manos diferentes, dando lugar al concepto de los seisgrados de separación.


El resultado del experimento de Milgram es realmente sorprendente si tenemos en cuenta que la mayoría de nosotros no tenemos un grupo de amigos ni muy grande ni muy diverso, ya que los factores básicos a través del que construimos nuestra red social son la proximidad (compartir espacios reducidos) y en el hecho de participar en actividades similares (no actitudes ni opiniones). Si analizamos más detenidamente los resultados obtenidos se descubre un hecho relevante: la mayoría de las cartas que le llegaron al agente de Bolsa llegaron, en última instancia, a través de tres personas Jones, Jacobs y Brown, a pesar de que cada una de las personas de Omaha participantes en el experimento utilizasen una estrategia diferente para hacer llegar el paquete.

¿Qué podemos entonces inferir de la teoría de los seis grados de separación? Que el hecho de que existan seis grados de separación no implica que todo el mundo esté conectado con cualquier otra persona en el mundo a través de seis pasos. Quiere decir que hay un pequeño número de personas que está conectado con todas las demás a través de unos pocos grados mientras que el resto nos relacionamos con el mundo a través de ella. Para aclararlo, si realizamos una lista de 30 personas a las que consideramos nuestro círculo de amistades, sin incluir familia ni compañeros de trabajo, y tratamos de establecer a cada una de ellas la persona responsable en última instancia de que se produjera l conexión que dio lugar a la amistad (por ejemplo conocía a mi amigo Jorge en el colegio por lo que soy responsable de mi amistad con él, pero si conozco a Luis porque es el compañero de piso de Jorge entonces Jorge es el responsable de la relación), descubriremos que uno se encontrará una y otra vez los mismo nombres como responsables de la relación y que son quienes en definitiva nos ponen en contacto con el mundo.

A estas personas Malcolm Gladwell en su libro The TippingPoint las llama conectores y se caracterizan por poseer un alto grado de desarrollo de sus habilidades sociales, no sólo conocen a gran cantidad de personas sino que además conocen a personas de muchos ámbitos diferentes lo cual resulta ser un reflejo de su personalidad, su confianza en sí mismos, su curiosidad, su energía y su sociablidad. ¿Qué nos aportan los conectores? Nos ofrecen la posibilidad de conocer gente lo cual a su vez nos brinda la posibilidad de descubrir cosas que desconocemos.

Un ejemplo de la importancia de estos mundos desconocidos que nos ofrecen los conectores lo muestra Mark Granovetter en su libro Gettinga Job, en él se muestra un estudio acerca de cómo diferentes profesionales habían conseguido acceder a sus puestos de trabajo. Los resultados del estudio muestran que el 56% de ellos lo consiguió gracias a un contacto personal. No a través de los amigos que apenas representaban el 17%  sino, sobre todo a través de contactos con los que la frecuencia de contacto era mayoritariamente escasa. Granovetter nos da una idea de la importancia de los llamados “nexos débiles” a la hora de descubrir nuevas experiencias y oportunidades. Nuestros amigos y familiares desarrollan su vida en el mismo ámbito que nosotros: frecuentan los mismos lugares, realizan las mismas actividades… Mientras que nuestros conocidos habitan y viven un mundo diferente al nuestro y por eso las posibilidades de que dispongan de información que desconocemos son muy elevadas.



Gracias a Granovetter no podemos caer en el error de que sólo  es un conector aquella persona que nos facilita el encuentro con  otras, sino que también debemos apreciar y valorar la importancia de aquellos conectores que nos acercarán datos e informaciones nuevas. Por todo ello hoy, en un mundo globalizado y con aparatos de comunicación al alcance de la mano, nos encontramos más conectados que nunca, aunque eso sí, con relaciones más distantes e infrecuentes que nunca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tu opinión es importante