domingo, 20 de noviembre de 2011

Los Números de mis Amigos

Formar parte de un grupo hace que seamos más susceptibles a la presión de nuestros compañeros, a las normas sociales y a otras influencias, toda ellas relacionadas directamente con el tamaño del grupo. El número de personas integrantes de un grupo es un factor decisivo para predecir su potencial y eficiencia, así cuanto más pequeño y cohesionado mayor es su potencial.

Alrededor del tamaño de los grupos existen muchas teorías, una de ellas es la del antropólogo Robin Dunbar. Según la teoría de Dunbar el tamaño del cerebro de los primates no se debe únicamente a la mejora en las prácticas para la obtención de alimento si las comparamos con otras especies, sino que la causa principal de la diferencia de tamaño del cerebro, especialmente del neocórtex, se debe al tamaño del grupo. Dunbar, junto a Leslie C. Aiello dan lugar así a la llamada teoría de la mente. Esta teoría sostiene que los primates han desarrollado una serie de habilidades que les permiten detectar e identificar las necesidades y el estado mental de los otros, así como sus intenciones, creencias e intenciones para, a partir de ellas, organizar y gestionar la propia conducta dentro del complejo entorno social en el que se encuentran.



Robin Dunbar en su teoría de la mente sostiene que el cerebro evoluciona y aumenta su tamaño para poder atender a las numerosas complejidades que aparecen en grupos sociales numerosos. Por ejemplo, un individuo que pertenece a un grupo de cinco personas se enfrenta no sólo a cuatro relaciones (las que mantiene con los otros cuatro miembros del grupo), sino que se enfrenta a diez relaciones (las cuatro anteriores más las seis relaciones que se producen entre todos los pares posibles).
Conocer a todos los miembros de un grupo conlleva la comprensión de las dinámicas personales de interacción de sus integrantes y con ello continuas adaptaciones de la personalidad en función de tales dinámicas. Este hecho trae consigo el manejo continuado de cierta cantidad de información que nos permita conocer tanto a los integrantes como las dinámicas de relación. Pero esta información llega un momento en que resulta excesiva y con la que nuestro cerebro es incapaz de funcionar de manera eficiente. Tengamos en cuenta que un aumento en el tamaño del grupo multiplica el número  de relaciones, así en un grupo veinte personas el número de relaciones es de ciento noventa.

Ante el aumento el número de relaciones que supone la adición de un nuevo integrante a un grupo ya establecido, Dunbar ideó una ecuación cuyo propósito es determinar tamaño máximo de un grupo para cada especie en función del tamaño del neocórtex en relación con el tamaño del cerebro. En el caso del ser humano el tamaño máximo del grupo social es de 150 personas con las cuales podemos mantener un relación social verdadera con la que al menos seamos capaces de saber cómo se llaman los otros y por qué los conocemos.



Para la defensa de esta teoría Dunbar analizó más de veinte sociedades  (desde los walbiri en Australia hasta los ammassalik de Groenlandia) diferentes topándose una y otra vez con la cifra de 150. En torno a los datos obtenidos Dunbar concluye que cuando un grupo supera dicha cantidad el sentimiento de cercanía entre sus miembros se diluye y los mecanismos de control de conducta informales, que hasta entonces funcionaban, dejan de ser eficaces con lo que se hace necesaria la implantación de jerarquías, normas y medidas de carácter formal de cara a mantener la cohesión y la lealtad.

En grupos numerosos la naturaleza del grupo o la sociedad que conforman cambia constantemente, llegando a estar compuesto por personas que no se conocen, que descubren que el número de actividades y tareas compartidas son escasas y que la aparición de subgrupos o clanes es algo frecuente. Estos sucesos son la manifestación de los problemas estructurales derivados de toda organización de grupos numerosos, puesto que la capacidad de cohesión y la adopción de toma de decisiones mediante el consenso se ven reducidas significativamente. 

Sin embargo, en grupos de menos de 150 personas las pautas de organización y funcionamiento se regulan de manera informal, es decir, en base a la presión de grupo. Los mecanismos informales regulan el comportamiento de cada uno de los integrantes en base al conocimiento que cada miembro del grupo tiene del otro, puesto que todos conocen lo suficiente a los demás como para que nos importe e influya la opinión que el resto del grupo tenga de nosotros. De esta manera,  la conducta es autorregulada mediante el contacto interpersonal y las relaciones de lealtad establecidas entre todos ellos.

En definitiva, al vivir en grupos sociales complejos cada uno de nosotros dependemos de las interacciones que tienen lugar con los otros, especialmente de las de carácter cooperativo, puesto que sólo a través del conjunto de intereses, deseos, conflictos. motivaciones, alianzas e intercambios que se producen dentro del grupo conseguimos ser más eficaces y dar muestras del desarrollo de nuestras inteligencias: social, emocional...

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