lunes, 28 de noviembre de 2011

Razones para Empezar a Fumar

Los fumadores se inician en el hábito durante la adolescencia. Es ésta una etapa caracterizado por la experimentación y la atracción por el riesgo. Descubramos los motivos y procesos ocultos que llevan a un adolescente a empezar a fumar y a perseverar en el hábito a pesar de que de los primeros cigarros su organismo no experimente sensaciones placenteras.

El consumo de tabaco entre los adolescentes es un fenómeno muy extendido en la sociedad moderna que las autoridades sanitarias y la propia sociedad intenta combatir aunque, hasta el momento, encontrar una estrategia efectiva resulta bastante complicado. Una protesta de la sociedad en contra de este consumo promovido por la industria tabaquera es que vende su producto como algo más deseable de lo que realmente es, y este hecho en una mente adolescente fácilmente influenciable y que minimiza las consecuencias de los riesgos a los que se expone. Por ello medidas adoptadas por las instituciones públicas está en la regulación de la publicidad de estos productos así como fomentar una política de precios altos de este producto (mediante altas cargas impositivas) que dificulten el acceso de los adolescentes al tabaco ya que su poder adquisitivo es bastante reducido.


La principal dificultad encontrada al intentar frenar el consumo de tabaco en la población adolescente es el desconocimiento de los sucesos y cambios que se suceden durante esta etapa vital. Aristóteles ya decía que al igual que el vino aviva a los beodos lo mismo hace la naturaleza con los jóvenes, y este pensamiento ha regido los postulados científicos del siglo XX: Stanley Hall decía que la adolescencia es la reproducción de etapas de estrés y agitación característicos de fases del desarrollo humano primitivas y escasamente civilizadas,  Freud visualizaba la adolescencia como una etapa de conflictos sexuales, Eriksson como una sucesión continua de crisis de identidad. Sin embargo, estos planteamiento cambiaron a finales del mismo siglo debido al uso de nuevas técnicas que permitieron visualizar, con gran detalle, la actividad y desarrollo del cerebro adolescente, ofreciendo una respuesta: el cerebro tarda más en desarrollarse de lo que pensamos.

La obtención de imágenes mediante escáner de la actividad cerebral del adolescente ha revelado que nuestros cerebros experimentan una renovación intensiva entre los 12 y los 15 años, no en tamaño, ya que nuestro cerebro adquiere el 90% de su tamaño definitivo a los 6 años, sino que se produce una actualización de todas las conexiones cerebrales. Esta actualización mejora el aislamiento de los axones a través de la mielina con lo que la velocidad de trasmisión de la información se multiplica por 100, aumentan las ramificaciones de las dendritas y las sinapsis más utilizadas se fortalecen y mejoran, mientras que la menos utilizadas comienzan a atrofiarse. Todo este proceso de reestructuración provoca que la corteza cerebral (donde se produce el pensamiento complejo y consciente) se haga más fina y eficiente haciendo del cerebro un órgano más veloz y sofisticado.

El proceso de maduración cerebral se produce desde la parte posterior del cerebro hacia la parte frontal, es decir, desde las áreas que manejan las funciones primitivas y básicas (visión, movimiento y procesamiento elemental de datos) hacia las áreas pensantes del lóbulo frontal . Este proceso da como resultado la mejora de la integración de la memoria y la experiencia en la toma de decisiones a la vez que se tienen en cuenta más variables y alternativas de acción que las que teníamos en cuenta durante la infancia.


Una vez termina la etapa de maduración cerebral somos capaces de gestionar y controlar mejor los impulsos, los deseos, establecemos objetivos más adecuados y realistas, tenemos en cuenta las normas y restricciones del contexto y, por tanto, somos capaces de generar comportamientos más complejos. Pero este será el resultado final del proceso, antes de alcanzarlo, especialmente al inicio de la adolescencia, el cerebro actuará torpemente.

Esta torpeza es causada por la inexperiencia ya que el cerebro está empezando a entender y utilizar sus nuevas conexiones y redes neuronales, estamos ante un cerebro inmaduro. Esta inmadurez son las que provocan descripciones del adolescente como alguien imprudente, egoísta, impulsivo, estúpido… Pero este conjunto de rasgos deben tener alguna utilidad porque si no la selección natural los habría eliminado. Por tanto, estos rasgos deben tener alguna utilidad que descubrimos si prestamos atención a los rasgos generales que se esconden detrás de comportamientos específicos.

En la adolescencia el deseo de emociones fuertes se manifiesta en todo su esplendor. La búsqueda de sensaciones nuevas en lo inesperado provoca grandes descargas de actividad neuronal, pero esta búsqueda de sensaciones no tiene por qué deberse únicamente a comportamientos impulsivos, sino que puede estar perfectamente planificado. Cierto es que esta búsqueda de sensaciones puede conducir a comportamientos peligrosos, pero también puede generar conductas positivas ya que supone apertura hacia lo novedoso y a explorar nuevos territorios fuera del ámbito doméstico.

¿Qué es lo que provoca que el adolescente sea propenso a correr riesgos? Durante los 15 y los 25 años donde más experimentamos y riesgos estamos dispuestos a asumir, es durante estos años cuando empezamos a experimentar con tabaco, alcohol, drogas y a emprender toda clase de conductas arriesgadas. La explicación más sencilla es atribuirlo al hecho de que el cerebro está en construcción, sin embargo, estudios llevados a cabo en la Universidad de Temple por Laurence Steinberg sostienen que los adolescentes utilizan las mismas estrategias cognitivas que los adultos a la hora de resolver problemas y siguen procesos de razonamiento muy similares.

¿Qué es lo que provoca entonces la mayor propensión del adolescente hacia las conductas arriesgadas? Steinberg  afirma que los adolescentes son igual de capaces que los adultos para reconocer y percibir el peligro, lo que sucede es que aprecian mucho más la recompensa que el riesgo puede reportarles, especialmente si se trata de una recompensa de orden social como puede ser el hecho de impresionar a sus amigos o a su grupo de iguales. La clave la encontramos en que el grupo de iguales es una fuente de fuerte atracción para el adolescente porque éste le ofrece la oportunidad de descubrir lo novedoso, frente a lo ya conocido que encuentran en el hogar, y brinda la oportunidad de invertir en relaciones proyectadas hacia el futuro ya que el rechazo del grupo de iguales supondría una amenaza a la supervivencia.

Entonces, el inicio en el consumo de tabaco por parte de los adolescentes está directamente relacionado como una manera de experimentación que nos permite acercarnos a un grupo de iguales y establecer vínculos con sus miembros. Este hecho provoca que muchas de las iniciativas llevadas  a cabo por instituciones sanitarias destinadas a erradicar el consumo de tabaco en adolescentes hayan fracasado. Las acciones que se han llevado a cabo contra el tabaco siempre se han centrado en atacar a las empresas tabaqueras porque venden la idea de que el acto de fumar es algo positivo y moderno. Éste es el error fundamental en el que han caído y que no ha servido para reducir el consumo de tabaco en la adolescencia equivocando el objetivo. El punto a atacar no está en que fumar no mola, porque lo que los adolescentes hacen es reproducir e imitar el comportamiento de alguien que para ellos les resulta atractivo. Una manera de contrarrestar este modelo positivo es argumentar una serie de datos que puedan, sin atacar personalmente a ese sujeto modelo, que, al menos, puedan cuestionarlo. Si presentamos informaciones como la existencia de correlaciones significativas entre consumo de tabaco y depresión, quizá haga tambalear el modelo. Según un estudio llevado a cabo por Alexander Glassman decubrió, que las personas que más fuman, el 60% ha sufrido y se le ha diagnosticado en algún momento de su vida una depresión. Es más, otro dato significativo es que el 74% de las personas que han sufrido algún desorden psiquiátrico han sido fumadores, por un 53% en la población a la que nunca se le diagnosticó este desorden, llegando a un 90% en aquellas personas diagnosticadas como esquizofrénicas. Otra correlación importante se encuentra entre tabaco y consumo de alcohol: el 80% de alcohólicos fuma. Con esta exposición de datos el modelo de imitación y reproducción de conductas puede  resquebrajarse ya que ahora no parece tan deseable socialmente reproducir la conducta de consumo de tabaco, deseabilidad que disminuye si sabemos que el índice de consumo de tabaco (más del 30%) en personas que viven en situación de pobreza que entre aquellas que se encuentran por encima de dicho umbral de pobreza.

Las referencias a la vinculación entre consumo de tabaco y la existencia de desórdenes emocionales puede ayudar a reducir el inicio en el consumo de tabaco en edades tempranas, y es quela nicotina es utilizada como estimulante de los neurotransmisores para la segregación de dopamina y noreprinefrina, convirtiéndose en un tratamiento “barato” contra la depresión. Pero este hecho no enmascara que toda adicción provoca fallos en el funcionamiento cerebral ya que las conductas adictivas de los fumadores, según recientes estudios de la Universidad de Berkeley, se relacionan con la actividad de las neuronas de la corteza orbitofrontal y la corteza cingular anterior. Estas regiones guardan relación directa con la toma de decisiones, puesto que son las encargadas de valorar la importancia del problema a resolver, así desórdenes en la actividad de estas neuronas provocadas por consumos continuados de tabaco, alcohol y/o otras drogas dan origen a decisiones de la vida cotidiana que conducen a situaciones de caos: divorcios, absentismo o abandono del puesto de trabajo, pérdida de dinero… Junto a estas decisiones erróneas los hábitos adictivos también influyen en la memoria de las decisiones tomadas, situada en la corteza cingular, al impedir que el adicto incurra repetidamente en el mismo error.
En definitiva, encender un cigarro tras otro supone experimentar una y otra vez el mismo error. Error que olvidamos con el humo del próximo cigarro que tendremos en las manos.

martes, 22 de noviembre de 2011

Memoria Transactiva

Nuestro cerebro tiene una capacidad limitada para recordar todos los datos, información y recuerdos que componen y construyen nuestro día a día. Pero pese a esta limitación hemos sido capaces de idear estrategias y fabricar herramientas que nos permitan maximizar nuestra capacidad para acceder a datos y recuerdos relevantes. La que nuestra especie ha utilizado desde sus orígenes es recurrir a otras personas a través de lo que hoy se denomina memoria transactiva.

Existe un tipo de memoria que hace referencia a todos aquellos datos, informaciones y recuerdos que almacenamos fuera de nuestro cerebro, denominado por el psicólogo Daniel Wegner como memoria transactiva. Para entender fácilmente a qué se refiere la memoria transactiva basta con analizar nuestro comportamiento respecto a los números de teléfono que tenemos en nuestras agendas. En vez de recordar todos los números de teléfono que  tenemos anotados en ellas, nos limitamos a recordar dónde los tenemos anotados o bien recordamos el número de las páginas amarillas que nos puede dar acceso a esa información que necesitamos.

¿Por qué hacemos uso de esta memoria? Porque así podemos ahorrar gran cantidad de energía que podemos destinar a otras tareas. Pero no sólo almacenamos datos en agendas, internet, pendrive, cuadernos… sino que también almacenamos gran cantidad de datos e información en otras personas. Cuando establecemos relaciones interpersonales íntimas y profundas con otras personas, como por ejemplo cuando encontramos pareja, construimos un sistema dememoria transactiva o sistema de memoria común mediante el cual, tácitamente, se llega a un acuerdo para desarrollar dicho sistema que nos permita adquirir, codificar, almacenar y recuperar información.  Cada miembro de la pareja se encarga de recordar según qué cosas en función de sus intereses, gustos, preferencias personales así como damos lugar a una conciencia intersubjetiva del conocimiento de los otros, es decir, creamos una conciencia compartida por la cual cada uno sabe quién es el encargado de saber qué. Por ejemplo, en el seno familiar cada uno de sus integrantes sólo es capaz de recordar una pequeña parte de los detalles de las historias cotidianas de nuestra vida familiar, así delegamos en nuestras madres la responsabilidad de recordar datos sobre nuestra infancia y sobre cuidados infantiles...



Observamos que, al igual que en el mundo académico y laboral, en el seno familiar tiene lugar un proceso de especialización en el que cada uno se concentra en aquello que mejor sabe hacer. Así cada especialidad o dominio pertenece a unos pocos que están capacitados para su manejo y esta pertenencia no es un proceso limitado a un tiempo y situación concreta, sino que se mantiene a lo largo del tiempo. La memoria transactiva exige, por tanto, el conocimiento en profundidad del otro, es decir, habar establecido relaciones de intimidad y confianza lo suficientemente profundas como para llegar a saber qué tipo de conocimientos tiene y cuáles son sus habilidades más destacadas para poder establecer una relación de confianza en todo lo relacionados con su especialidad.

Un estudio realizado en la Universidad de Oviedo por Ramón Rico, Francisco Gil, Rafael San Martín y Miriam Sánchez-Manzanares ha intentado determinar la efectividad de la memoria transactiva en los procesos de toma dedecisiones en equipos de trabajo. Este estudio se centra en demostrar si la división cooperativa de trabajo y la creación de un sistema de memoria transactiva ayuda a sus miembros a aumentar su grado de satisfacción personal con la tarea y a percibir que como positivo el resultado alcanzado.

Los resultados obtenidos en este estudio nos dicen que las percepciones del funcionamiento del equipo suele ser bastante favorable por parte de sus integrantes lo cual repercute en los niveles de satisfacción y en la identificación con el equipo o grupo, ya que el rendimiento percibido por el equipo es satisfactorio. Pero nos encontramos con una hecho que ya resaltaba anteriormente, si recurrimos a evaluadores externos al grupo para evaluar las estrategias y herramientas utilizadas en la toma de decisiones de un grupo formado ad hoc los resultados alcanzados por el grupo en la tarea propuesta no es valorada de forma tan positiva como ocurre en las valoraciones intragrupales de esa tarea. Este hecho se debe a que la interacción del grupo es limitada en el tiempo lo cual impide la formación y el establecimiento de verdaderos procesos de comunicación intragrupal que faciliten el conocimiento y flexibilidad del grupo, no habrá tiempo para descubrir quién sabe hacer qué de manera más eficiente.

Por último, gracias a este estudio descubrimos que el conocimiento profundo de los demás nos ayuda a aumentar nuestras habilidades y capacidades ya que generar una relación con otra persona nos permite desarrollar y potenciar nuestras habilidades, al igual que ayudamos al otro a desarrollar las suyas. En definitiva, poner en marcha nuestras habilidades sociales para conectar y establecer relaciones con los demás nos permitirá solucionar rápidamente problemas y adoptar soluciones óptimas ya que sabremos quiénes son las personas adecuadas para ayudarnos a resolverlos.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Los Números de mis Amigos

Formar parte de un grupo hace que seamos más susceptibles a la presión de nuestros compañeros, a las normas sociales y a otras influencias, toda ellas relacionadas directamente con el tamaño del grupo. El número de personas integrantes de un grupo es un factor decisivo para predecir su potencial y eficiencia, así cuanto más pequeño y cohesionado mayor es su potencial.

Alrededor del tamaño de los grupos existen muchas teorías, una de ellas es la del antropólogo Robin Dunbar. Según la teoría de Dunbar el tamaño del cerebro de los primates no se debe únicamente a la mejora en las prácticas para la obtención de alimento si las comparamos con otras especies, sino que la causa principal de la diferencia de tamaño del cerebro, especialmente del neocórtex, se debe al tamaño del grupo. Dunbar, junto a Leslie C. Aiello dan lugar así a la llamada teoría de la mente. Esta teoría sostiene que los primates han desarrollado una serie de habilidades que les permiten detectar e identificar las necesidades y el estado mental de los otros, así como sus intenciones, creencias e intenciones para, a partir de ellas, organizar y gestionar la propia conducta dentro del complejo entorno social en el que se encuentran.



Robin Dunbar en su teoría de la mente sostiene que el cerebro evoluciona y aumenta su tamaño para poder atender a las numerosas complejidades que aparecen en grupos sociales numerosos. Por ejemplo, un individuo que pertenece a un grupo de cinco personas se enfrenta no sólo a cuatro relaciones (las que mantiene con los otros cuatro miembros del grupo), sino que se enfrenta a diez relaciones (las cuatro anteriores más las seis relaciones que se producen entre todos los pares posibles).
Conocer a todos los miembros de un grupo conlleva la comprensión de las dinámicas personales de interacción de sus integrantes y con ello continuas adaptaciones de la personalidad en función de tales dinámicas. Este hecho trae consigo el manejo continuado de cierta cantidad de información que nos permita conocer tanto a los integrantes como las dinámicas de relación. Pero esta información llega un momento en que resulta excesiva y con la que nuestro cerebro es incapaz de funcionar de manera eficiente. Tengamos en cuenta que un aumento en el tamaño del grupo multiplica el número  de relaciones, así en un grupo veinte personas el número de relaciones es de ciento noventa.

Ante el aumento el número de relaciones que supone la adición de un nuevo integrante a un grupo ya establecido, Dunbar ideó una ecuación cuyo propósito es determinar tamaño máximo de un grupo para cada especie en función del tamaño del neocórtex en relación con el tamaño del cerebro. En el caso del ser humano el tamaño máximo del grupo social es de 150 personas con las cuales podemos mantener un relación social verdadera con la que al menos seamos capaces de saber cómo se llaman los otros y por qué los conocemos.



Para la defensa de esta teoría Dunbar analizó más de veinte sociedades  (desde los walbiri en Australia hasta los ammassalik de Groenlandia) diferentes topándose una y otra vez con la cifra de 150. En torno a los datos obtenidos Dunbar concluye que cuando un grupo supera dicha cantidad el sentimiento de cercanía entre sus miembros se diluye y los mecanismos de control de conducta informales, que hasta entonces funcionaban, dejan de ser eficaces con lo que se hace necesaria la implantación de jerarquías, normas y medidas de carácter formal de cara a mantener la cohesión y la lealtad.

En grupos numerosos la naturaleza del grupo o la sociedad que conforman cambia constantemente, llegando a estar compuesto por personas que no se conocen, que descubren que el número de actividades y tareas compartidas son escasas y que la aparición de subgrupos o clanes es algo frecuente. Estos sucesos son la manifestación de los problemas estructurales derivados de toda organización de grupos numerosos, puesto que la capacidad de cohesión y la adopción de toma de decisiones mediante el consenso se ven reducidas significativamente. 

Sin embargo, en grupos de menos de 150 personas las pautas de organización y funcionamiento se regulan de manera informal, es decir, en base a la presión de grupo. Los mecanismos informales regulan el comportamiento de cada uno de los integrantes en base al conocimiento que cada miembro del grupo tiene del otro, puesto que todos conocen lo suficiente a los demás como para que nos importe e influya la opinión que el resto del grupo tenga de nosotros. De esta manera,  la conducta es autorregulada mediante el contacto interpersonal y las relaciones de lealtad establecidas entre todos ellos.

En definitiva, al vivir en grupos sociales complejos cada uno de nosotros dependemos de las interacciones que tienen lugar con los otros, especialmente de las de carácter cooperativo, puesto que sólo a través del conjunto de intereses, deseos, conflictos. motivaciones, alianzas e intercambios que se producen dentro del grupo conseguimos ser más eficaces y dar muestras del desarrollo de nuestras inteligencias: social, emocional...

jueves, 17 de noviembre de 2011

Separados pero Conectados

Cualquiera de nosotros podría haber sido amigo de Pablo Picasso, John Lennon, Napoleón o James Dean. Aunque haya miles de kilómetros de distancia podemos llegar de una persona a otra a través de cuatro intermediarios, es lo que se llama el problema del pequeño mundo. Alguien conoce a alguien que conoce a alguien que, a su vez, conoce a alguien. Averigüemos quién es la persona que da sentido a nuestra cadena.

La importancia que en la actualidad le damos a las redes sociales ante el que los medios de comunicación difunden como un fenómeno nuevo y desconocido resulta no serlo tanto.  Ya en la década de los sesenta Stanley Milgram realizó un experimento que pretendía dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿cómo nos conectamos los seres humanos? ¿Estamos conectados por una red de relaciones? Para dar respuesta a estos interrogantes Milgram optó por lo siguiente: envío un paquete a 160personas que vivían en Omaha (Nebraska) con la dirección y el nombre de un corredor de Bolsa que trabajaba en Boston a quien cada una de esas 160 personas debía hacer llegar el paquete a través de su red de amigos o conocidos, anotando el nombre en el paquete de las manos por las que iba pasando hasta llegar al agente de Bolsa. Una vez estuviese el paquete en Boston Milgram podía comprobar el número de personas a través de las que había pasado el paquete, el resultado fue que la mayoría había llegado a su destino pasando por 5 o 6 manos diferentes, dando lugar al concepto de los seisgrados de separación.


El resultado del experimento de Milgram es realmente sorprendente si tenemos en cuenta que la mayoría de nosotros no tenemos un grupo de amigos ni muy grande ni muy diverso, ya que los factores básicos a través del que construimos nuestra red social son la proximidad (compartir espacios reducidos) y en el hecho de participar en actividades similares (no actitudes ni opiniones). Si analizamos más detenidamente los resultados obtenidos se descubre un hecho relevante: la mayoría de las cartas que le llegaron al agente de Bolsa llegaron, en última instancia, a través de tres personas Jones, Jacobs y Brown, a pesar de que cada una de las personas de Omaha participantes en el experimento utilizasen una estrategia diferente para hacer llegar el paquete.

¿Qué podemos entonces inferir de la teoría de los seis grados de separación? Que el hecho de que existan seis grados de separación no implica que todo el mundo esté conectado con cualquier otra persona en el mundo a través de seis pasos. Quiere decir que hay un pequeño número de personas que está conectado con todas las demás a través de unos pocos grados mientras que el resto nos relacionamos con el mundo a través de ella. Para aclararlo, si realizamos una lista de 30 personas a las que consideramos nuestro círculo de amistades, sin incluir familia ni compañeros de trabajo, y tratamos de establecer a cada una de ellas la persona responsable en última instancia de que se produjera l conexión que dio lugar a la amistad (por ejemplo conocía a mi amigo Jorge en el colegio por lo que soy responsable de mi amistad con él, pero si conozco a Luis porque es el compañero de piso de Jorge entonces Jorge es el responsable de la relación), descubriremos que uno se encontrará una y otra vez los mismo nombres como responsables de la relación y que son quienes en definitiva nos ponen en contacto con el mundo.

A estas personas Malcolm Gladwell en su libro The TippingPoint las llama conectores y se caracterizan por poseer un alto grado de desarrollo de sus habilidades sociales, no sólo conocen a gran cantidad de personas sino que además conocen a personas de muchos ámbitos diferentes lo cual resulta ser un reflejo de su personalidad, su confianza en sí mismos, su curiosidad, su energía y su sociablidad. ¿Qué nos aportan los conectores? Nos ofrecen la posibilidad de conocer gente lo cual a su vez nos brinda la posibilidad de descubrir cosas que desconocemos.

Un ejemplo de la importancia de estos mundos desconocidos que nos ofrecen los conectores lo muestra Mark Granovetter en su libro Gettinga Job, en él se muestra un estudio acerca de cómo diferentes profesionales habían conseguido acceder a sus puestos de trabajo. Los resultados del estudio muestran que el 56% de ellos lo consiguió gracias a un contacto personal. No a través de los amigos que apenas representaban el 17%  sino, sobre todo a través de contactos con los que la frecuencia de contacto era mayoritariamente escasa. Granovetter nos da una idea de la importancia de los llamados “nexos débiles” a la hora de descubrir nuevas experiencias y oportunidades. Nuestros amigos y familiares desarrollan su vida en el mismo ámbito que nosotros: frecuentan los mismos lugares, realizan las mismas actividades… Mientras que nuestros conocidos habitan y viven un mundo diferente al nuestro y por eso las posibilidades de que dispongan de información que desconocemos son muy elevadas.



Gracias a Granovetter no podemos caer en el error de que sólo  es un conector aquella persona que nos facilita el encuentro con  otras, sino que también debemos apreciar y valorar la importancia de aquellos conectores que nos acercarán datos e informaciones nuevas. Por todo ello hoy, en un mundo globalizado y con aparatos de comunicación al alcance de la mano, nos encontramos más conectados que nunca, aunque eso sí, con relaciones más distantes e infrecuentes que nunca.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Visitas con morbo

Visitar por primera vez la casa de una persona es toda una experiencia ya que nos aporta una gran cantidad de información que hasta ese momento podía sernos desconocida. Descubramos qué elementos contribuyen a conocer mejor a una persona en apenas 5 minutos.

Existe un programa de televisión llamado “Room Raiders” que se basa en el estudio realizado por Samuel D. Gosling. Este estudio consistía averiguar si es posible componer un retrato fiable de una persona tomando como marco de referencia la información obtenida de esa persona en una visita rápida (alrededor de 5 minutos) a la habitación u oficina de dicha persona. Room Raiders trata de una persona (chico o chica) que a través de las visitas 3 habitaciones de 3 personas del sexo opuesto debe elegir, en función de lo que cada cuarto descubre, a la persona con la que quiere tener una cita.

Para Gosling, somos capaces de extraer conclusiones, igual de precisas que las referidas por sus familiares o amigos, acerca de la personalidad de alguien únicamente visitando su habitación o su lugar de trabajo. Eso sí, esto es una afirmación que debe realizarse con matices puesto que la extroversión y la amabilidad son factores en los que nuestro grado de fiabilidad se ve muy reducido. Sin embargo, somos altamente fiables en el análisis de factores como la meticulosidad, la estabilidad emocional y el grado de apertura a nuevas experiencias con una fugaz visita a la intimidad de un desconocido.

¿Cuál es la causa de tan alta fiabilidad en el juicio de un desconocido? La razón está en la capacidad que cada uno de nosotros poseemos de identificar patrones. Reconocemos patrones de funcionamiento en la realidad a partir de conjuntos de información muy pequeños pero a los cuales dotamos de significado, mucho antes de que ese significado se manifieste en nuestra conciencia, desde los niveles más profundos de nuestro inconsciente y que, de manera imperceptible, influyen en la dirección de nuestro comportamiento.

Nuestras viviendas, nuestros cuartos, nuestras oficinas de trabajo, nuestros vehículos,… están construidos a nivel personal en base a tres pilares. El primero es que se trata de un espacio que contribuye a reafirmar nuestra identidad, es decir, lo utilizamos como referencia y nos valemos de la simbología de los elementos y objetos que la componen para mostrar cómo queremos  que nos vea el mundo. El segundo componente de dichos espacios son los residuos conductuales (ordenación de los CDs, biblioteca…) que delatan nuestra capacidad de organización, nuestro nivel de disciplina, etc. Por último están los reguladores de pensamientos y sentimientos que son los recursos (vela perfumadas, iluminación, color de las paredes…) que tenemos a nuestro alcance dentro de nuestros espacios personales para influir en nuestros estados de ánimo.

Samuel Gosling nos ayuda a comprender  gracias a su estudio cómo en nuestro cerebro están continuamente ejecutando procesos de carácter inconsciente que envían, por canales indirectos, información utilizada para extraer conclusiones y detectar patrones de regularidad que permitan anticipar hechos futuros. Estos procesos inconscientes nos ayudan a hacer composiciones de lugar, avisarnos de la existencia de peligros, fijar metas y dar inicio acciones elaboradas y complejas que, una vez lleguen a un nivel consciente, se les introducirá dentro de una secuencia lógica y contundente de respuestas.