lunes, 10 de octubre de 2011

Sociedad en Presente Continuo

En un día normal Miguel Sánchez , una vez conseguida su jubilación después de más de 40 años imprimiendo el periódico local, se despertaba temprano. Con las primeras luces de la mañana tomaba su acostumbrado desayuno y volvía a meterse en la cama a escuchar a su locutor de radio preferido. Una vez en la cama, Miguel empezó gradualmente a experimentar un cambio, no siempre era capaz de recordar si ya había desayunado o si, por el contrario, acababa de despertarse por que muchos días desayunaba de nuevo y volvía a meterse en la cama para seguir escuchando su voz amiga. En ocasiones llegaba a desayunar hasta tres veces. Miguel tenía la capacidad de darse cuenta de que, a su modo de ver, tenía un problema de memoria pero al instante siguiente, cuando un nuevo pensamiento cruzaba su cabeza, lo olvidaba para volver a descubrirlo de nuevo. Miguel no recordaba que olvidaba.


La situación que vivía Miguel es una situación que experimentan a diario millones de personas en todo el planeta, lo cual nos sugiere que estamos ante un gran problema. Vivimos en una sociedad de la información. Continuamente estamos sometidos a estímulos cambiantes que hace que nuestro cerebro tenga que trabajar constantemente y procese los datos que recibe centrando su atención en los que considera relevantes. Anuncios publicitarios, televisiones continuamente encendidas, ruido y música en espacios públicos, el verde de un semáforo, la indicación de una señal de tráfico, las indicaciones de un guardia, el protocolo de atención de la administración, el precio de cada producto del supermercado… y sin embargo, existen personas que olvidan inmediatamente lo que acaba de mostrarse ante sus ojos.

Todos nuestros recuerdos permanecen alojados en nuestro cerebro, es a éste nuestro particular baúl, al que recurrimos cuando queremos rememorar momentos que consideramos importantes para nosotros. Nuestros recuerdos, dicen los neurocientíficos, son un patrón de conexiones entre neuronas que se encuentra almacenado en nuestro cerebro. Cada una de las 100.000 millones de neuronas que poseemos es capaz de de establecer más de 5.000 conexiones sinápticas con otras neuronas lo cual da lugar a crear los denominados mapas mentales. Cada estímulo que percibimos, cada sensación que recordamos, cada idea que tenemos altera las conexiones dentro de esta red neuronal variando permanentemente su estructura.

Como mencionaba más arriba el cerebro crea mapas mentales a través de su red de neuronas que le sirven para mantenerse informado a sí mismo. Los mapas son patrones de información acerca de los elementos, objetos y personas con las quienes interaccionamos y del propio organismo. Los mapas se activan y relacionan a partir de patrones visuales, auditivos y sensoriales debiendo organizar la información recibida y procesarla de tal manera que seamos capaces de comprender el mundo ya que somos capaces de extraer patrones y secuencias lógicas de los objetos y sucesos que percibimos, para que a partir de ellos tomemos decisiones adecuadas y eficaces.

Miguel y millones de personas son incapaces de entender y estructurar los acontecimientos a través de una secuencia espacio-temporal coherente. Sus capacidades para percibir los estímulos se muestran intactas pero algún área de su cerebro se encuentra dañada o desconectada del resto de su red neuronal por lo que son incapaces de recurrir a su memoria (los mapas mentales se forman en base a las experiencias previas de cada individuo) y, por tanto, de recordar, como tampoco es capaz de generar recuerdos nuevos. Todo lo que le memoria guardaba ha perdido su valor ya que el mapa que lo percibía y registraba porque el mapa encargado de percibirlo ha desaparecido. Miguel es incapaz de reconocer la procedencia del amor que sus familiares sienten por él, es capaz de sentirlo, pero no de insertarlo en su biografía ya que se encuentra instalado en un presente continuo. Felix, sin embargo, se encuentra instalado en el recuerdo y la vivencia de un pasado remoto al que ninguno de sus hijos es capaz de acceder.

Felix y Miguel son incapaces de hacer uso de sus recuerdos declarativos, es decir, de rememorar las cosas que sabemos que sabían lo cual hace muy difícil y dura la relación de sus familiares con ellos. Por el contrario, una manera de mejorar y preservar la salud de estos pacientes está en recurrir a terapias musicales. Estas terapias hacen que los enfermos al escuchar canciones hagan uso de otra clase de recuerdos, los recuerdos no declarativos: las cosas que sabemos sin pensar en ellas. Un ejemplo de estos recuerdos son la melodía de una canción, su letra o también montar en bicicleta. El uso de terapias que recurran a recuerdos no declarativos posibilita una mejoría en el estado de ánimo de pacientes y familiares ya que encuentran un camino a través del cual volver a encontrar una conexión entre ellos que creían perdida.
Las terapias no sólo deben centrarse en la reparación del daño sino también en la prevención para que la enfermedad desaparezca o disminuya su incidencia. Una tarea para prevenir esta enfermedad de la sociedad envejecida que viviremos dentro de dos décadas en las sociedades occidentales, está en cambiar algunos de los patrones culturales y educativos que prevalecen en la sociedad actual para no trasladarlos a generaciones futuras. Nuestra cultura nos inunda continuamente con información nueva, de la cual somos capaces de recuperar muy poca más adelante. Tal magnitud de información provoca que cada vez más recurramos a la memoria externa (superestructuras que hemos inventado para no tener que almacenar toda la información en nuestros cerebros: ordenadores, agendas…) e infrautilicemos la memoria interna (nuestro propio cerebro), al contrario de lo que sucedía en el pasado. Recurrir a la memoria interna es una práctica que debemos recuperar ya que así las generaciones futuras sabrán qué recordar pero, sobre todo, sabrán cómo recordar si les enseñamos a hacerlo.

Cuando nacemos comenzamos a vivir para empezar a recordar los que otros anteriores a nosotros construyeron para nosotros y nos sirviéramos de su conocimiento acumulado. Si recuperamos el interés educativo y cultural por la memoria y, no tanto, por lo inmediato y presente estaremos impartiendo una lección magistral por la cual haremos a las futuras generaciones capaces de percibir lo que ocurre en el presente para predecir lo que sucederá en el futuro sabiendo reaccionar de la mejor manera posible.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tu opinión es importante