jueves, 6 de octubre de 2011

La memoria concienciada





El nuevo paradigma por el que la ciencia actual se rige sostiene, en contra de lo que decía Descartes, “Existo, luego pienso”, es decir, antes del pensamiento deben suceder un conjunto de procesos biológicos (desarrollo cerebral, reacciones químicas…) en nuestro organismo que posibiliten el nacimiento de un solo pensamiento. Nuestra mente, por tanto, necesita un sustento físico para manifestarse, sin cuerpo no hay mente. Nuestra mente o conciencia de sí, tiene como tarea ordenar los estímulos que nos rodean y conectarlos con uno mismo de tal manera que seamos capaces de sentir la existencia de esa conexión. Así, cada mañana, al despertarnos no nos asombramos ni nos sobresaltamos al observar los objetos y personas que tenemos alrededor porque somos capaces de reconocer que están relacionados con nosotros mismos. Si por el contrario, despertáramos en una isla desierta sin ningún elemento reconocible a nuestro alrededor nos sentiríamos desconectados con respecto a ese lugar y rápidamente trataríamos de establecer relaciones de pertenencia con esos estímulos nuevos que nos rodean.




Oscar Wilde decía que “Nosotros somos nuestra memoria”, memoria de la que se van quedando poco a poco privadas aquellas personas que se ven afectadas por la enfermedad de Alzheimer: enfermedad neurodegenerativa que afecta a aproximadamente 600.000 personas en España. Esta enfermedad priva a las personas de su capacidad de reconocer y de evocar recuerdos, despojándoles de su memoria a la cual ya sólo tienen acceso de forma intermitente y según avanza el tiempo con menor frecuencia. Este hecho me lleva a plantearme la siguiente pregunta: ¿puede una persona divorciase de su pareja porque ésta padece Alzheimer?


La pregunta nos enfrenta a un dilema moral. Cuando encontramos y formamos una pareja estable, decidiendo compartir un mismo proyecto vital durante un período de tiempo indeterminado, no nos vinculamos a ella de acuerdo al ser biológico que es, sino que los que nos enamora de una persona es su historia, su narrativa vital. Cuando una persona pierde sus recuerdos y su memoria, con ellos se marcha la persona que nos enamoró. Su cuerpo sigue existiendo ya que es un cuerpo vivo y a nivel jurídico sigue siendo una persona que posee un conjunto de derechos. Esta situación plantea el límite acerca de qué es ser humano el cuerpo sigue ejecutando sus funciones biológicas básicas y se conservan intactas las capacidades para desear y amar, aunque el individuo es incapaz de orientar sus pensamientos y su conducta de acuerdo a un patrón lógico y continuado que le permita satisfacer sus necesidades y garantizar su supervivencia.


El divorcio de una persona con Alzheimer debe ser posible, desde mi punto de vista, siempre y cuando la pareja no descuide la responsabilidad civil, social y moral que le une a esa persona, es decir, que siga procurando que se encuentre atendida y tratando de ofrecerle las mejores condiciones de vida dentro de sus posibilidades. No considero sano para una persona pasar el resto de la vida conviviendo con alguien que yo se quién pero ella no sabe quién soy yo.
Volviendo a los nuevos planteamientos de la ciencia superan los planteamiento de Hume que decían que el ser humano no es más que un conjunto de percepciones que se suceden entre sí y que se encuentran en continuo cambio. Antonio Damasio, reputado neurobiólogo, defiende que para existir es necesario que nuestra mente se apropie de un sujeto que conoce, capaz de identificar nuestros rasgos de personalidad, nuestros hábitos de comportamiento, nuestro cuerpo, nuestra familia, nuestros antepasados, nuestros zapatos, nuestro coche… y, junto a dicha apropiación, debe saber que esos rasgos existen y que nos generan emociones y sentimientos porque sabemos que nos pertenecen: el amor por nuestra pareja, la alegría de ver a un amigo, el agrado de disfrutar del propio hogar…

Decía Platón que “conocemos lo que recordamos”, sin olvidar que sólo disfrutamos verdaderamente de nuestra existencia cuando somos capaces de reconocer a los otros y de ser reconocidos por ellos.

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