jueves, 13 de octubre de 2011

Emocionarse es aprender

Todo lo que aprendemos se lo debemos a nuestra capacidad de emocionarnos, por ello, cada día se concede más importancia a la educación emocional. David Brierly, profesor experto en el fomento de valores, asegura que “recordamos lo que se siente y esto, a su vez, es lo que se convierte en experiencia”.


Las emociones son el resultado de un conjunto de procesos fisiológicos que tienen lugar en nuestro organismo. Son programas de acciones que se ponen en marcha de forma automática y que tienen lugar en nuestro cuerpo dando lugar a cambios moleculares en nuestras vísceras y células, expresiones faciales y posturas… Una emoción existe porque hay un estímulo que la desencadena y da lugar a un conjunto de reacciones automáticas.

Según Antonio Damasio todo proceso emocional comienza a partir de un estímulo exterior que da lugar a la representación en la mente de una imagen mental (puede ser la imagen de un objeto o situación presente o bien una imagen evocada) que pone en funcionamiento determinadas regiones cerebrales asociadas a esa emoción. Posteriormente se produce una reacción química en cuerpo y cerebro mediante el cual se segregan moléculas químicas (cortisol, dopamina, oxitocina…), se desencadenan ciertas acciones (huida, paralización, aumento o disminución del ritmo cardíaco…), se adoptan expresiones faciales y posturas corporales concretas y algunas ideas y planes de acción se hacen conscientes (huir, llamar a la policía, besar a nuestra pareja…). Este cúmulo de acciones hace que el sujeto que las experimenta entre un estado emocional que es evaluado y percibido por quine lo experimenta dando lugar a sensaciones y sentimientos que ayudan a procesar grandes cantidades de información y contribuyen a la resolución de problemas, ayudándonos a la toma de decisiones.

La capacidad para tener sentimientos y emocionarnos únicamente depende de estar en posesión de un sistema nervioso sano, que no se encuentre dañado, capaz de transformar imágenes mentales en emociones y que el individuo sea consciente de sí mismo, es decir, que sepa que es capaz de sentir y que aquello que le hace sentir está relacionado con él. Por ejemplo, un psicópata es una persona con un sistema nervioso sano, su anomalía se encuentra en su incapacidad para empatizar emocionalmente con los demás. Ven a los demás únicamente como objetos, siendo incapaces de establecer ninguna conexión afectiva con los objetos y personas del entorno. Su relación con el entorno se produce lingüísticamente, es decir, a través de significados y no de emociones. Así, cuando ven a alguien llorar no son capaces de experimentar la emoción que vive que llora porque las regiones del cerebro asociadas a esta emoción no se ponen en funcionamiento.


Es muy importante para la convivencia que lleguemos a ser conscientes de la importancia de la educación emocional y adquirir conocimientos sobre sentimientos y emociones. Nos emocionamos continuamente y, en ocasiones, nuestras emociones pueden desencadenar en un conflicto personal y/o social. Alguien debe enseñarnos a reconocer las emociones y a saber gestionarlas ya que al hacerlo estaremos descubriendo la propia individualidad y potencialidad.

Enfrentarse a un conflicto es hacer frente a emociones no controladas y ante el descontrol emocional no basta únicamente con hacer uso de la razón, sino que hay que ser capaz, ante una emoción negativa , de generar la emoción positiva que la contrarreste. Es misión de las instituciones educativas enseñar a los alumnos a ser conscientes de su potencial emocional y dirigir gran parte del proceso de aprendizaje a este descubrimiento. Hacerlo hará más dificultoso la medición a través de exámenes y cuestionarios los contenidos adquiridos por el alumno, pero estaremos ayudando al alumno a ser capaz de desafiar al futuro y de superar los retos nuevos que en él irán apareciendo.

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