martes, 13 de septiembre de 2011

La evolución de la sonrisa



En el este de África se encuentra el río Awash, río que da nombre al valle que le rodea. Este valle situado en la actual Etiopía puede resultarnos desconocido, sin embargo, juega un papel fundamental a la hora de reconstruir la historia del ser humano. Hace cuatro millones y medio de años, en esta región, habitó el que es considerado nuestro pariente más lejano, al menos es del único del que conservamos sus recuerdos, el Ardipithecus ramidus. Se caracterizaban por un tamaño craneal pequeño, aproximadamente unos 400 centímetros cúbicos, y una mandíbula de buen tamaño. Pero su principal característica, y por la que es considerado como pariente nuestro, es la bipedestación, es decir, caminaban erguidos aunque también conservaban tanto en la forma de los pies como de las manos su especial habilidad para la trepa.


Es difícil imaginar que, hace millones de años, el este de África fuese una selva con bosque frondoso y con vegetación abundante que constituía nuestra principal fuente de alimento. Pero esto dejó de ser así hace dos millones y medio de años debido a un cambio climático. Hemos de saber que desde entonces en la Tierra se vienen produciendo variaciones climáticas que pasan de climas fríos a cálidos cada 40.000 años como consecuencia de los cambios en la inclinación del eje de rotación terrestre así como a cambios en la forma de la órbita que describe nuestro planeta alrededor del sol. Fruto de esta variación climática el paisaje del este africano quedó modificado. Los vientos procedentes del Atlántico, repletos humedad, riegan en abundancia la zona oeste, central y subtropical del continente africano, mientras que la zona este del continente, debido a la lejanía del océano como por la barrera montañosa que impide la llegada de las nubes, queda sometida un proceso de aridificación que da lugar al retroceso de los bosques.


La desertificación y el retroceso de los bosque provocó que nuestros antepasados tuvieran que emprender una serie de cambios que les permitiesen hacer frente a las nuevas condiciones del medio. El cambio fundamental fue el bipedismo, que ya había comenzado con el ardipithecus, que nos permitiría poder desplazarnos largas distancias con un gasto energético menor, reducir la temperatura corporal para hacer frente a las elevadas temperaturas de la zona y, especialmente, contribuyó a cambios en la dieta al tener las manos libres y hacer uso de herramientas de caza que posibilitaban un mayor consumo de carne que abasteciese las necesidades de energía de un cerebro en continuo aumento. Tengamos en cuenta que nuestra capacidad craneal es actualmente de 1.600 centímetros cúbicos y que el cerebro pese a representar apenas un 2% de nuestro peso, consume la quinta parte de nuestra energía cuando nos encontramos en estado de reposo, cantidad que aumenta en función del tipo de actividad que estemos desempeñando. Quiero precisar que este aumento en el tamaño cerebro, a fin de compensar el aumento del gasto energético, trajo consigo, según la teoría de Alello y White, la disminución de nuestro aparato digestivo derivado del cambio en la dieta con una mayor cantidad del consumo de carne que aporta mayores cantidades de energía y son más fácilmente digeribles que los vegetales.


La desertificación del este africano implica un mayor nomadismo en las poblaciones que habitan la región en busca de los recursos necesarios para la supervivencia. Bajo estas condiciones creció y vive en la actualidad el plusmarquista de Maratón y campeón mundial olímpico de 5000m y 10000m Haile Gebrselassie quien recientemente ha sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes. La vida de este atleta nos muestra todo un proceso de adaptación a las difíciles circunstancias del medio en el que creció y la puesta en práctica de un conjunto de estrategias y habilidades que le garantizaran su supervivencia. La primera prueba de adaptación que tuvo que hacer Gebbrselassie fue la de recorrer diariamente 10kms de ida y 10 kms de vuelta para acudir a la escuela, todo ello en una zona situada a 3000 metros de altitud sobre el nivel del mar, sin zapatillas, cargando con los libros y siendo asmático.


Estas circunstancias dieron lugar al reconocido y laureado atleta que es hoy y que lleva en la élite de este deporte desde hace más de 15 años. ¿Cómo es posible que este atleta permanezca, aún hoy, compitiendo al máximo nivel cuando otros atletas africanos con similares e incluso mejores cualidades que él tienen carreras deportivas efímeras? La respuesta la da el propio Gebrselassie “Quiero pasar a la historia” y para hacerlo dentro de una disciplina tan dura y exigente como es el Maratón no basta con poseer unas cualidades físicas sino, sobre todo, mentales y actitudinales. Cualidades mentales que llevan a Gebrselassie a no hacer caso a los enunciados de los fisiólogos y expertos en biomecánica que señalan que su forma de correr de puntillas, no es eficiente para afrontar largas distancias, lo cual es cierto que le ha provocado al atleta diversos problemas en su tendón de Aquiles. Sin embargo, Haile se lo toma con filosofía afirmando que ésa es la forma de correr para no hacerse daño con las piedras que se encontraba cada día camino de la escuela puesto que sus primeras zapatillas nos las tuvo hasta la edad de catorce años. Este correr de puntillas va acompañado con otro gesto que le identifica claramente, la posición de los brazos, especialmente del derecho, el cual va pegado al cuerpo como consecuencia de cargar con los libros de texto durante ese camino diario de 20kms.


Si algo que hace especial a Gebrselassie y por lo que ha sido recientemente premiado es por su altruismo. El atleta regala la gran mayoría de los premios que recibe no por altruismo como los demás reconocen, valoran y premian, sino como él dice por egoísmo. El atletismo es una disciplina muy ligada al sufrimiento y todo atleta debe conocerlo y hacerle frente incorporándola a su forma de vivir y a su entrenamiento diario. “Si incorporo a mi forma de vivir todas las comodidades y privilegios que voy ganando viviré tan bien que me acomodaré… Llegará un momento en el que viva tan bien que de pereza sufrir, entonces el atletismo terminará para mí”.


Las palabras de Gebrselassie acompañadas de la eterna sonrisa que refleja su rostro son una muestra de la importancia que desempeña en nuestras vidas la actitud con la que hacemos frente a las circunstancias que rodean nuestras vidas por complejas o dolorosas que puedan llegar a ser. Desde Etiopía nos siguen llegando los mensajes de que cómo hemos evolucionado y cómo nos hemos ido adaptando en el pasado a las circunstancias del medio en el que vivimos, Haile Gebrselassie nos da la oportunidad de visualizar todo ese complejo evolutivo en tiempo presente, gracias a su sonrisa.

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