miércoles, 28 de septiembre de 2011

Héroes por el camino



La relevancia del deporte en la sociedad actual radica en su capacidad para crear continuamente nuevos héroes con los que los jóvenes, principales grupo de consumo, puedan identificarse. Este fenómeno no es nuevo, ya en la antigua Grecia los deportistas que conseguían vencer en los Juegos eran tratados con honores y adquirían un puesto de prestigio en la sociedad helena puesto que se les consideraba como sujetos beneficiarios de cualidades divinas, por ello recibían una porción de tierra, un sueldo y pasaban a ser los encargados de dirigir las tropas encargadas de la defensa de su ciudad.
Josephine Onyia, atleta española, tiene el deseo de querer ser una de esas heroínas pero éste anhelo le lleva a cometer, por segunda vez, el pecado del dopaje. La pregunta que nos viene a la mente es ¿cómo puede un deportista reproducir el mismo error que no le permite competir en el deporte que le gusta y con el que disfruta? La respuesta está en que muchos deportistas, una vez se encuentran compitiendo al máximo nivel, olvidan las motivaciones intrínsecas que de jóvenes les llevaron a la práctica deportiva: diversión, satisfacción, disfrute… y comienzan a centrar su atención en las recompensas que el entorno en el que viven les ofrece, es decir, las motivaciones extrínsecas se convierten en las verdaderamente importantes y las impulsoras para seguir con la práctica deportiva. La retroalimentación o la respuesta del entorno a los méritos del deportista pasan a ser medidos en virtud de las recompensas obtenidas: dinero, imagen, estatus social, etc, que llevan a que el afán competitivo del deportista aumente exponencialmente.
La vallista española nos muestra cómo una vez que un atleta, consciente la existencia de límites en su rendimiento- ya sea porque su cuerpo no es capaz de correr más rápido o porque el conocimiento técnico actual impone una barrera a ese rendimiento- está en una búsqueda permanente de los productos y de las técnicas más novedosas que le permitan aumentarlo o cuanto menos que no se vea reducido. Esta búsqueda de la novedad esconde la necesidad del atleta de obtener una recompensa que le lleva a realizar comportamientos asociados a un adolescente: fijar la atención en la recompensa obviando los peligros que corre ya que siente que arriesgando no pierde nada. La personalidad del atleta que se dopa se sustenta en el deseo egoísta de querer más, de conseguir más, impuesto en parte por esa necesidad de la sociedad de tener héroes a los que admirar. Esto lleva al atleta a no conformase con lo que tiene y a buscar la felicidad en lo que se tiene y no en lo que se es. El atleta se convierte así en un mero objeto de consumo que lleva a que cada vez más, deportistas que en su momento fueron héroes que la sociedad que les encumbró acabó devorando (Yago Lamela, Marco Pantani, “Chava Jimenez…), al terminar sus carreras cargando con la culpa de sentirse incapaces de mantener las recompensas que con tanto ímpetu persiguieron.



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