jueves, 8 de octubre de 2009

De vuelta y media

Hoy escribo, no sé porque lo hago pero vuelvo a hacerlo. Desconozco si es porque realmente me gusta teclear letras y construir palabras, con significados, con una finalidad concreta. O bien lo hago para recordarme que no me gusta, que por eso había abandonado esta actividad. Quizá dejé de hacerlo para que no me descubran, para evitar conocerme.
Dos años llevo sin escribir nada´, no me arrepiento, o quizá sí. Pero como no hice ni siquiera el intento no puedo definirlo como un fracaso, simplemente como algo olvidado. Como son aquellos rincones de la ciudad, que cuando volvemos a ellos, los recordamos. Nos sorprenden, son inesperados, y caemos en la cuenta de que aunque no hayamos transitado por ellos, han seguido estando. Hoy decido volver a este espacio, no sé el motivo, o quizá sí pero no me lo digo. Puede que lo haga para intentar rellenar tiempos muertos, quizá quiera aportarles algo de vida, quizá quiero que conozcas la mía.
He decidido que no voy a escribir nada, no hay tema, no tengo una idea a la que quiera darle vueltas, que quiera destriparla, despojarle de lo que cree ser y mostrarle la parte que no conoce. Hoy no. De momento, no hay lugar para críticas, ni trascendencias, ni siquiera para menudencias. Hoy estas líneas son un no lugar, como los centros comerciales, los aeropuertos, las estaciones de tren, un espacio sin identidad. Habrá que salir de él para recuperarla.
Reconozco tecleo porque estoy no sé cómo me encuentro pero sí me ubico.
Como no he pensado en qué escribir, sólo relleno líneas. Eso se me da bien, rellenar tiempo con líneas, aunque ultimamente los relleno con palabras y tareas, para otros, descuidando las mías.
He decidido no mirar lo que escriba, quede como quede, sería como intentar recuperar la saliba perdida. Prefiero que quede en el lugar donde fue vertida, en la boca en donde fue compartida. Es la única satisfacción que me proporciona, creer que cada palabra es una batalla librada, perdida o ganada, pero afrontada.
Me gustaría que cada línea despertarse una emoción (alegría, compasión, desprecio, envidia...), cualquiera que sea, pero una emoción, si no la despierta que al menos evoque un recuerdo. Tuyo, mío, y a poder ser uno compartido. Algo que te recuerde qué hemos vivido, o mejor, que hemos vivido. Que te haga recordar que vives y que, afortunadamente, ya no tienes nada que ver conmigo, o desafortunadamente no has conseguido romper el lazo que nos mantiene unidos.
Creo que en este momento lo dejo, paro. Dime lo que quieras, haz como que te ha importado.

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